Cuentos

La Casa Tenebrosa

   Siempre que iba a mis clases de inglés pasaba por esa casa aterradora y misteriosa. Cada vez que pasaba por allí escuchaba gritos de niños y veía que las ventanas se abrían y cerraban solas. Al principio pensé que estaba loca.
   Un sábado por la tarde pasé por aquella casa con una amiga mientras íbamos al parque, ella escuchó y vio lo mismo que yo y en ese momento me di cuenta que no estaba loca, que no era solo mi imaginación, era todo real. Decidimos entrar...
 
     Intentamos abrir la puerta, no pudimos, sentí que del otro lado alguien la empujaba para impedirnos entrar. Eso era casi imposible ya que la casa estaba abandonada. Unos minutos después nos rendimos y nos recostamos en la puerta. Al hacer esto la puerta se abrió dejándonos caer dentro. El piso se sentía frío y áspero. Cuando pudimos levantarnos empezamos a observar la casa detalladamente, las paredes eran de color mostaza, tenían manchas de humedad y de sangre y por su textura la sangre parecía estar allí hace unos cuantos años, había cuadros por todas partes, eran muy raros. La casa tenía muchas habitaciones pequeñas, las cuales solo contenían una silla y una cuerda. Todo olía a rosas.

    - ¡María! Me quiero ir ya - Dijo tartamudeando Elena, mi amiga.
    - ¡Salgamos ya de acá! - Le dije desesperada, me estaba volviendo loca.
 
     Comenzamos a dirigirnos hacia la puerta de salida, cuando escuché un grito de Elena, al darme vuelta vi como estaba atada a una de aquellas horribles sillas. Al cabo de unos segundo la silla comenzó a girar. Fue ahí cuando volvi a escuchar los gritos y las ventanas se abrían y cerraban una y otra vez. De repente vi como mi amiga salía despedida por una ventana, por la cual solo se veía un agujero negro. Desesperada empecé a buscar la salida pero no la encontraba. Al cabo de unos minutos logré hallarla y salí. Una vez fuera vi a Elena sentada en el banco de la vereda del frente. Sentí una alegría que recorría todo mi cuerpo pero a la vez confusión.

    - ¿Qué haces acá? ¿Estás bien? - Le dije confundida.
    - Sí, claro, estoy bien. Estoy acá porque íbamos a ir al parque ¿Por qué me estás preguntando esto? - Dijo Elena.
   
     Elena no recordaba nada...

Fin

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